El cooperativismo solidario de ELA en la Segunda República

2022/03/03
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A menudo nos preguntan: ¿cómo así participa un sindicato como ELA en la nueva ola cooperativista vasca junto con Fiare, Goiener, Koop57, Olatukoop, Biziola, Izarkom…? Cuando hablamos de cooperativismo vasco el nombre que nos viene a la cabeza es Mondragon, pero hay otro cooperativismo anterior a él, menos conocido, que florece en la Segunda República y que Franco fulmina: el sindicalismo solidario del sindicato ELA. Extraemos aquí algunos fragmentos del libro “ELA en la Segunda República. Evolución sindicalista de una organización obrera” de Dario Ansel (2011, Txalaparta y Manu Robles-Arangiz Fundazioa), para aquellas personas que tengan interés en el tema.

Fragmentos del libro "ELA en la Segunda República. Evolución sindicalista de una organización obrera” Dario Ansel, 2011, Txalaparta y Manu Robles-Arangiz Fundazioa.

Durante el quinquenio republicano, la construcción de un sindicato moderno y más reivindicativo no fue óbice para que ELA siguiese ocupándose de dos tareas tradicionales como eran el cooperativismo y el mutualismo. Fue precisamente durante la Segunda República cuando la acción cooperativa y la acción mutualista, que desde la fundación del sindicato habían caracterizado el programa y la praxis solidarios, entraron en una nueva fase de madurez.

El momento decisivo que marcó un cambio de ruta y una aceleración del cooperativismo solidario fue el segundo congreso de ELA (Gasteiz, 1933). Se analizó los beneficios sociales y culturales del cooperativismo y se remarcó la conveniencia y la oportunidad de abrir nuevas cooperativas. Además, para mejorar la eficiencia del cooperativismo se subrayó la necesidad de la centralización y de la coordinación, abogando, de hecho, por un mayor compromiso y un mayor protagonismo de los órganos directivos del sindicato ELA. El importante acuerdo final ratificado después del debate congresual, sirvió de patrón para construcción del futuro movimiento cooperativo vasco: Constitución de Cooperativas de Consumo en todos los pueblos donde exista Agrupación de Trabajadores Vascos (ATV), Creación de las Federaciones Regionales de Cooperativas Vascas de Consumo, Creación de la Cooperativa de Crédito, Creación de la Caja de Ahorros dentro de la Cooperativa de Crédito, creación de Cooperativas de producción industrial, agrícola y pesquera con objeto de que sus productos sean consumidos dentro de Euzkadi con la consiguiente economía para las Cooperativas de producción y consumo por la supresión del intermediario, establecer la debida relación entre las Cooperativas de producción y la Cooperativa de Crédito…

Es bastante evidente el intento de proceder a una politización del cooperativismo que, además del carácter de servicio, pasaba a ser un instrumento de modificación del tejido socioeconómico. Ya no se trataba de un sencillo reparto del surplus acumulado por las cooperativas de consumo, sino de la participación en el propio proceso productivo y del acceso por parte de los socios a la propiedad de los medios de producción. El documento hacía hincapié en la necesidad de crear un vínculo más fuerte entre el movimiento cooperativo y el sindicato solidario. Las cooperativas asumían un papel fundamental que iba a integrar las funciones sindicales de las agrupaciones.

Las funciones atribuidas a la cooperación fueron a la vez ideológicas y prácticas. Sobre todo se trataba de un instrumento para la promoción de la justicia social ya que garantizaba una mejora concreta de las condiciones materiales de los trabajadores. Pero a la vez, en una visión más tradicional e ideologizada, fue percibido como un medio capaz de favorecer la restauración del mítico igualitarismo vasco, y por esta razón se convirtió en el cimiento de la sociedad y del sistema económico que el nacionalismo aspiraba edificar, en la piedra angular del nuevo orden social de la futura nación vasca.

Esta visión tradicional convivía con una orientación más progresista que es posible atribuir al sindicato solidario. Según esta orientación el cooperativismo era un factor de modernización, un importante medio de transformación social y económica y un agente transformador del sistema capitalista por permitir el acceso común de los trabajadores asalariados a la propiedad del capital y de los medios de producción, y por liberar el trabajo para convertirlo en un factor productivo autónomo no sometido al control del capitalista industrial o agrario.
El mensaje solidario hizo hincapié precisamente en la fuerza transformadora y reformadora del cooperativismo capaz de imprimir un nuevo rumbo al injusto desarrollo socioeconómico capitalista, un nuevo rumbo fundado en la centralidad y en la plena libertad del trabajo. Se trataba de una orientación marcada por el protagonismo absoluto del sindicato y por al supeditación de la acción cooperativa a las necesidades de clase y de resistencia de la organización obrera.

Existían muchos obstáculos que había que rebasar y que dificultaron la marcha inicial de varias cooperativas. En particular, hay que tener en cuenta la desconfianza inicial y las dificultades económicas personales de muchos solidarios y nacionalistas durante estos años de crisis. No obstante, la coordinación y la centralización organizativa, con la creación de la comisión de cooperativas en un principio y con la creación a principios de 1934 de la Federación de Cooperativas Vascas, hizo que cooperativismo de ELA tuviera éxito.

Las cooperativas de consumo eran las mayoritarias, sin embargo, algunas agrupaciones solidarias lograron organizar cooperativas de producción. Los mayores logros en el cooperativismo productivo fueron alcanzados en Gipuzkoa. Las reducidas dimensiones de la industria provincial favorecieron la creación de microempresas cooperativas con capitales modestos. La cooperativa de producción más importante y la que mejores resultados logró fue EIAL (Euzko Izkigugilluginen Alkar Laguntza). Fue organizada en 1933 para contrastar el agravamiento de la crisis industrial armera durante los años treinta: “Solidaridad de Obreros Vascos de Eibar, en lugar de dar subsidios a sus parados que a la larga no resuelven el duro problema, ha ideado un modo de darles trabajo remunerado, por medio del auxilio de todos los solidarios que trabajan, creando una verdadera Cooperativa de producción.” La razón principal que motivó la creación de EIAL fue la necesidad de crear puestos de trabajo para los solidarios parados, y esta observación es aplicable a la mayoría de las cooperativas de producción promovidas por ELA.

Otra experiencia muy interesante fue la de las cooperativas del mueble. La primera fue la de Zarautz que funcionaba desde 1933. Fue más bien un taller colectivo cuya creación fue determinada por el cierre de la fábrica Beristain y el consiguiente despido de más de 70 obreros. La cooperativa de Zarautz, así como otra en Azpeitia, se encontraba aún en fase de organización en julio de 1936. Otra cooperativa obrera de construcción de muebles fue la de Balmaseda. Sabemos también que se encontraban en fase de formación las cooperativas de producción de pan de Bilbao y Mungia, las cooperativas de producción de armas y de botones de hueso de Gernika, además de unos talleres colectivos de la construcción organizados por la Agrupación de Trabajadores Vascos (ATV) Donostia. Además desde 1935 actuaban varias agrupaciones-cooperativas rurales navarras: la ATV de Tafalla había adquirido una finca de regadío que posteriormente había parcelado entre sus propios socios para el cultivo directo; la ATV de Carcastillo y la de Artajona adquirían por cuenta de sus afiliados, a precios más ventajosos, simientes y abonos minerales; la ATV de Sesma puso en marcha un taller de producción que adquiría materias primas que los socios podían trabajar de modo artesanal para producir esterillas, serones, alforjas, vencejos, que luego la misma cooperativo se encargaba de confeccionar y vender; finalmente, la ATV de Marcilla proyectó la creación de una fábrica cooperativa de conservas para encontrar una solución viable que pudiera favorecer e incentivar la producción local.

Incluso se fue más allá de las cooperativas productivas. Dado que la falta de capitales ocasionó grande dificultades en las fases iniciales a las empresas cooperativas, los directivos federales incentivaron la cooperación de crédito. No se trataba de una propuesta nueva; ya durante los años veinte fue avanzado un proyecto dirigido a la creación de un banco solidario destinado, a través de los ahorros particulares y de las ganancias de las cooperativas de consumo, a acumular los capitales necesarios para impulsar el cooperativismo de producción y de paso ampliar la propia oferta cooperativa en el sector comercial. En 1933 se propuso concretamente la creación de una caja de ahorros que habría de actuar en el seno de una cooperativa de crédito. Sabemos que en 1934 Heliodoro de la Torre, Manu Robles Arangiz, Pedro Ormaetxea, Justo Zubizarreta y Pedro Ispizua estaban trabajando para poner en marcha un Banco de Crédito Cooperativo Vasco que sin embargo nunca llegó a realizarse.

Poco antes del estallido de la Guerra Civil, ELA y la Federación de Cooperativas Vascas lograron organizar una cooperativa sanitaria.