"Las que somos de fuera, y estamos comenzando, aceptamos todo por el miedo a perder el trabajo"

2024/03/26
Karla.jpg
"ELA a mí me ha abierto las puertas, ya no me callo, ya contesto, delante de Karla los jefes se cortan al hablar. Así que esas puertas me ha dado ELA y estoy muy agradecida y estoy muy contenta de estar aquí." Testimonio de Karla Vidal Panozo, delegada de ELA en la residencia Hogar San José de la Montaña, en la jornada "Por un sindicalismo antirracista" organizada por la fundación Manu Robles-Arangiz y el sindicato ELA el 20 de marzo de 2024 en FICOBA.

Karla Vidal Panozo (delegada de ELA en la residencia Hogar San José de la Montaña)

Yo al principio, cuando no estaba regularizada trabajé de interna. Cuando no estás regularizada, no cotizas, no tienes derecho a nada, estás oculta, y una vez consiguiendo la regularización, puedes optar a hacer cursos, que dan aquí en el País Vasco.

Yo estoy en Donostia, miré, busqué, y me apunté a un curso de geriatría. Jamás estando en mi país se me pasó por mi cabeza hacer un curso como este, porque venimos aquí con carreras, pero esas carreras aquí no sirven de nada porque moralizan, o hay que hacer un montón de burocracia, o no te las validan.

Me metí en este mundo de geriatría, de cuidados, porque era un mundo que a los de aquí no les gustaba, era más para gente de fuera, más para gente emigrada. Entonces, ¿qué me dio la regularización? Hacer el curso y el beneficio de cotizar. Porque cuando no estás regularizada, estás trabajando en negro. Ahora estoy súper contenta. Yo en mi país era secretaria de una oficina jurídica, y no pensaba meterme en este trabajo de cuidados, que ahora me encanta. Me gusta, voy feliz, aunque haya muchas cosas por detrás que después comentaré.

Yo cuando vi que el proceso convalidar aquí mis estudios era muy largo tiré la toalla, porque tienes que trabajar, tienes que mantener una casa, unos hijos, y vi que había que hacer mucha burocracia en Bolivia. Traje a un hijo que hizo bachiller en mi país, y pensaba meterlo aquí en la universidad, pero el título de bachillerato pasado un año no se podía homologar, así que tuvo que retornar a Bolivia.

Lo mismo para mí. No puedo perder el tiempo, tengo que seguir trabajando, y por toda esa burocracia, el papeleo, siempre se cierran las puertas. Y cuál es mi experiencia en mi trabajo: empezar de cero, o sea, empecé como la auxiliar de geriatría, porque ya estaba descartado que trabajara en otro puesto. Empiezas con un contrato precario, con contrato parcial, donde por ser de fuera te dan los peores horarios, y el día que te toca librar te dicen que no. ¿Por qué? Porque tienes que aceptar todo, porque las que somos de fuera y estamos empezando a trabajar aceptamos todo por el miedo a perder el trabajo.

En mi trabajo, en residencias, la precariedad son los ratios, los contratos parciales, que no se pague la disponibilidad... Estamos en esa lucha de que mejoren las cosas, que mejoren los contratos, que los residentes, los ancianos, los que han luchado, tengan condiciones dignas; que sean mejor atendidos. En ELA, como delegada, estamos en la lucha, que ya me imagino que todos sabrán que por la cochinada que hizo UGT, nos quedamos con un mal convenio. Pero a fines de este año caduca y va a empezar la lucha y lo vamos a sacar.

ELA a mí me ha abierto las puertas, ya no me callo, ya contesto, delante de Karla los jefes se cortan al hablar. Así que esas puertas me ha dado ELA y estoy muy agradecida y estoy muy contenta de estar aquí.