Zazpiak bat: claves de la estrategia de Iparralde
[Artículo de opinión]
Xebax Christy (responsable de Iparralde de la fundación Manu Robles-Arangiz) y Unai Oñederra (responsable de Iparralde de ELA)
La elección por primera vez de un lehendakari abertzale en Iparralde ha puesto la atención de Hegoalde en la política de Lapurdi, Behe Nafarroa y Zuberoa. Esto es una oportunidad dado que este territorio de Euskal Herria y su funcionamiento sociopolítico son muy desconocidos en Hegoalde, lo que dificulta en gran parte una política nacional vasca de construción de ‘Zazpiak bat’.
Desgraciadamente, ahora que el foco del Hegoalde se ha puesto en el Iparralde, se está repitiendo la tendencia de histodica de las últimas décadas. Los partidos abertzales de Hegoalde, en vez de explicar honestamente y de forma pedagógica lo ocurrido en Iparralde, alimentan, tácticamente, una ficción para reforzar su estrategia en Hegoalde.
Para empezar a construir una verdadera estrategia nacional, el primer paso es el conocimiento mutuo de la ciudadanía de los tres ámbitos administrativos de Euskal Herria. En este sentido, la repercusión mediática que ha generado la elección de Alain Iriart como lehendakari de la Comunidad de aglomeración del País Vasco ha abierto una magnífica oportunidad para hacer pedagogía en Hegoalde sobre Iparralde. No obstante, vemos con preocupación que en vez de hacer pedagogía se está haciendo lo contrario.
El propio Alain Iriarte ha dejado claro en Sud Ouest y El Diario Vasco que no ha habido acuerdo alguno entre PNV y EHBai. Entre otras cosas, por la escasa fuerza del PNV en Iparralde. Aunque Aitor Esteban quiera sugerir lo contrario, los jeltzales sólo cuentan con dos alcaldes en Iparralde: uno en Kanbo (unos 7.000 habitantes), Peio Etxeleku, y otro en Haltsu (unos 550 habitantes). Sin embargo, Otxandiano y Otegi han pedido al PNV que haga en la CAV lo mismo que ha hecho en Iparralde, sin decir por qué Etxeleku decidió apoyar en segunda vuelta a Iriart, y sin explicar que el funcionamiento de las elecciones municipales y de la Comunidad de aglomeración en Iparraldees muy diferente al de Hegoalde.
ELA afirmó en la declaración del Aberri Eguna y en la presentación del libro ‘Hacia la República Vasca. Claves para impulsar una estrategia soberanista’ que el proceso sociopolítico de Iparralde es un espejo donde mirarse. Lo que ELA pone en valor no es el acuerdo de país entre partidos que no se ha producido, sino la trayectoria histórica del movimiento abertzale de Iparralde, cimentado en los movimientos sociales. Creemos que hacer pedagogía es contar cómo hemos llegado hasta aquí en Iparralde. Y eso nos lleva a la década de 2000: a la fundación de Batera a la lucha por la Euskal Herriko Laborantza Ganbara (EHLG) y al trabajo que ELA, a través de su fundación Manu Robles-Arangiz, inicia en Iparralde.
Hace 25 años era totalmente impensable que en Iparralde hubiera un lehendakari abertzale, ni tan siquiera había una institucion propia. Esto ha sido posible gracias a la estrategia y movilización que durante años ha desarrollado la sociedad civil de Iparralde. Hirigune Elkargoa es fruto de Batera y de una estrategia de veinte años basada en una sociedad civil organizada de forma autónoma de los partidos políticos, que incluía diferentes movimientos sociales.
En la plataforma Batera, junto a la principal reivindicación del departamento, se unieron otras reivindicaciones candentes de la sociedad civil como la creación de la EHLG, la oficialidad del euskera y la universidad propia, a través de una amplia alianza social de distintos colores políticos.
Aunque Estado francés se negará, miles de personas salieron a la calle y estas cuatro reivindicaciones fueron tomando cuerpo, cada una en su propia medida. Esta fase de movilización estuvo especialmente marcada por el contencioso en torno a EHLG. La sociedad y los electos se polarizaron y se fueron ganando mayorías amplias y plurales en torno a un objetivo concreto; y, mediante la desobediencia civil, las y los campesinos, con el apoyo mayoritario de la sociedad, crearon su propia Cámara Agraria alternativa.
En base a este modelo surgieron otras muchas iniciativas que respondían a las necesidades de la ciudadanía en torno a la dinámica impulsada entre otras, por la Fundación Manu Robles-Arangiz: Bizi!, el movimiento Alternatiba o el proyecto Euskal Herri Burujabe, la moneda local Eusko, I-Ener, Enargia, KonponTxoko...
Con este mismo esquema de llevar a acabo lo que los Estados se niegan a hacer, la sociedad civil tuvo también un gran protagonismo en el desarme de ETA que se llevó a cabo en Bayona, obligando al Estado a dar pasos. También es destacable la participación activa de la sociedad civil en la definición y ejecución del proyecto de futuro del territorio en el Consejo de Desarrollo.
En 2017, gracias a toda esta dinámica, se creó la primera institución que reconoce a Iparralde, Euskal Hirigune Elkargoa. Aunque en esta institución presidida por Jean-René Etchegaray durante los últimos diez años haya prevalecido el consenso entre las y los electos, la interpelación de la sociedad civil ha marcado con fuerza muchas de las políticas llevadas a cabo.
Pese al éxito de la estrategia existía una carencia: no había ningún movimiento de masa autónomo que atrajera y organizara a las clases populares. De esta reflexión de la fundación Manu Robles-Arangiz y Bizi nació en 2020 Alda, una asociación que trabaja organizando a la gente de los barrios populares.
Por último, no podemos dejar de mencionar el proceso Bagira, en el que, recopilando todas estas experiencias, se ha consensuado con los movimientos populares que comparten objetivos y modelo social una estrategia conjunta y una hoja de ruta para el movimiento abertzale.
Que haya un lehendakari abertzale en Iparralde es fruto de esta estrategia de estos 25 años, no de un acuerdo de país entre partidos. Esto nos demuestra que la clave está en la organización de los movimientos sociales, en la movilización, en la construcción de alternativas, en la articulación de una estrategia, y en la construcción de esa relación de dos patas compleja y contradictoria entre movimientos populares e instituciones.
