Lucha sindical y social que contruye la república vasca

2025/11/30
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"Cuando damos respuesta a las necesidades básicas de la clase obrera y las clase populares contruimos soberanías y ganamos mayorías"

Nota: Este es texto preparado por el compañero de la Fundación Manu Robles-Arangiz Xabier Irastorza para su intervención en la mesa redonda "El soberanismo y la necesaria transformación socioeconómica de la sociedad" que tuvo lugar el 29 de noviembre de 2025, dentro de la la 7ª edición de la Escuela Soberanista "Pueblos soberanos en la Unión Europea".

La mesa redonda se organizó en torno a dos preguntas:

  • ¿Cómo entendéis, desde vuestro sindicato, la relación entre el sindicalismo y los procesos soberanistas? En concreto, ¿de qué manera se conectan y se refuerzan mutuamente la lucha por condiciones de vida y de trabajo dignas y el soberanismo?
  • ¿Qué líneas, dinámicas o tipos de iniciativas podemos desarrollar —o habéis desarrollado ya desde los sindicatos— que refuercen o contribuyan a avanzar en los procesos soberanistas?

 

Tal y como subrayamos en el último congreso de ELA, «ser sindicato es nuestra forma de ser abertzales». Es decir, nuestro objetivo es defender las necesidades y los intereses de la clase trabajadora de Euskal Herria y promover políticas que repercutan en su bienestar. Ese es el primer criterio con el que medimos nuestro compromiso nacional.

El sindicalismo se articula, en su esencia, contra una opresión y una falta de soberanía: contra la opresión del capital y con el objetivo de recuperar la soberanía sobre el trabajo. El sindicalismo es, por tanto, un movimiento emancipador que apuesta por la soberanía de la mayoría social.

En nuestro país, a esa opresión estructural se suma la opresión nacional, que niega o limita la capacidad de decidir y desarrollar políticas propias sobre nuestra territorialidad, cultura, lengua, naturaleza y estatus político.

Precisamente para construir soberanía frente a estas distintas formas de opresión surge ELA hace 114 años, y en esa tarea continúa hoy. En la actualidad, además, incorporando la lucha contra la opresión heteropatriarcal, colonial-racista y ecocida, con el objetivo de impulsar la soberanía de las personas, de los pueblos y de la vida en todas sus dimensiones.

No se puede comprender la soberanía de los pueblos o los procesos independentistas sin un proceso de liberación y emancipación de las personas y las comunidades frente a las opresiones que condicionan la vida misma. Esa emancipación se logra necesariamente mejorando las condiciones materiales de vida, en todas sus dimensiones (siguiendo la lógica de Maslow): desde las que garantizan la supervivencia y la seguridad, hasta las que construyen comunidad afectiva o permiten crecer cultural y espiritualmente.

A medida que damos pasos en esa dirección, avanzamos en la soberanía de las personas, de las comunidades y de los pueblos. Garantizar la supervivencia, ofrecer herramientas para sostener la vida, generar vínculos afectivos, facilitar el reconocimiento y acompañar en la construcción de un sentido vital es construir soberanía y nación. Y la institución, comunidad o proyecto político que es capaz de ofrecer esto se convierte en un proyecto deseable, que genera adhesión y movilización. Ahí es donde se encuentran y se refuerzan la lucha por las condiciones de vida y de trabajo y los procesos soberanistas. ¿Nuestros proyectos de país ofrecen esto? ¿Son útiles en este camino? ¿Qué aportan nuestros sindicatos e instituciones en este sentido?

En la medida en que nuestros proyectos integran estas claves y contribuyen a mejorar las condiciones de vida, atraen a las clases populares y a las mayorías sociales, hacen deseable el proyecto político y social, generan mayorías y activan la lucha. Así se convierten en propuestas de emancipación social y política que merecen la pena.

En cambio, si nuestras iniciativas no mejoran las condiciones materiales de vida, especialmente de las mayorías sometidas a múltiples opresiones, difícilmente obtendrán adhesión social ni lograrán conformar mayorías. Un proyecto que no transforma la vida de la gente no resulta atractivo ni deseable y, por tanto, desmoviliza.

Creo que esto es, en gran medida, lo que ocurre en nuestras sociedades occidentales y también en Euskal Herria. La democracia liberal atraviesa una crisis profunda: lejos de ser un instrumento para garantizar y ampliar el bienestar, se ha convertido en un procedimiento formal al servicio de élites económicas que generan más opresión, discriminación y desigualdad. En consecuencia, pierde apoyo mayoritario. También la izquierda, cuando no contribuye a mejorar las condiciones de vida de la mayoría, pierde atractivo y capacidad de movilización. En muchos casos, incluso se convierte en defensora de un marco político —la democracia liberal formal— que ya no garantiza el bienestar material e incluso contribuye a su deterioro. Ese vacío lo explota la extrema derecha y el fascismo.

Por ello, no se puede entender un proceso soberanista ni la construcción nacional sin justicia social y sin lucha por el trabajo y las condiciones materiales de vida. Difícilmente lograremos adhesión mayoritaria a los procesos soberanistas o independentistas si estos no se orientan a mejorar la vida cotidiana en su sentido más amplio.

En este sentido, y desde nuestra posición como sindicato, tal y como venimos reflexionando en los últimos años en ELA, afirmamos que las luchas sociales y las victorias obtenidas para mejorar nuestras condiciones laborales y de vida son las que construyen la república vasca.

Esto se sintetiza en el lema que reivindicamos de forma constante: «Hemen lan egin, hemen erabaki»/«Si trabajamos aquí, decidimos aquí». O en la lucha iniciada en 2010 para situar la Negociación Colectiva en Euskal Herria y que ganamos el 21/05/2024 logrando que los convenios vascos vuelvan a tener prioridad sobre los estatales.

Asimismo, la ILP para decidir en Euskal Herria el SMI —vetada en Navarra, incluso, para la recogida de firmas y ni siquiera admitida a debate por PNV, PSE-EE y el Gobierno Vasco en Gasteiz— se sitúa en la misma lógica y lucha para ganar en soberanía.

Los cientos de convenios que estamos negociando, confrontando con huelgas y firmando cada día también encarnan esta apuesta.

Cuando denunciamos las políticas fiscales o los presupuestos de los distintos gobiernos de Euskal Herria y defendemos un sistema fiscal justo —en el que paguen más quienes más tienen y los beneficios empresariales— estamos construyendo la república vasca.

Lo mismo ocurre cuando exigimos que todas las decisiones sobre los Servicios Públicos se tomen en Euskal Herria: el número de empleadas y empleados públicos, los salarios, las condiciones laborales en su conjunto, los procesos de acceso a la función pública. Reclamamos soberanía para decidir sin injerencias de Madrid. Y cuando pedimos un aumento significativo del presupuesto destinado a Osakidetza, Osasunbidea o a educación, estamos construyendo nación.

Del mismo modo, cuando defendemos que la pensión mínima se decida en Euskal Herria y que se equipare al SMI, o cuando nos movilizamos contra los desahucios y por el derecho a la vivienda —exigiendo multiplicar la vivienda de alquiler social, limitar los precios de los alquileres y aumentar sustancialmente el presupuesto público para vivienda— estamos construyendo una Euskal Herria más habitable, más justa y más deseable.

Y lo mismo sucede cuando, además de interpelar a los gobiernos e instituciones, impulsamos, construimos o apoyamos alternativas en ámbitos fundamentales para la vida, como la agricultura y la alimentación, la energía, las finanzas, las tecnologías, las telecomunicaciones, la cultura o la información.

En línea con lo anterior, me gustaría destacar una serie de iniciativas y luchas que mejoran las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora y de las clases populares, y que al mismo tiempo contribuyen a construir mayorías sociales. No sólo porque elevan las condiciones de trabajo y de vida, sino porque, como explicaré, demuestran que es mejor y más democrático decidir en Euskal Herria. Presento a continuación algunos ejemplos de distinto carácter y contexto.

1. Negociación Colectiva: construcción de un marco vasco de relaciones laborales

El ámbito más propio y cotidiano de nuestra acción sindical es el de la Negociación Colectiva, a través de la cual desarrollamos legislación y construimos —o desmantelamos— marcos propios de soberanía.

1.1. Comedores colectivos: recuperación y blindaje de un convenio propio

Un ejemplo especialmente significativo es la lucha por un convenio propio para las trabajadoras y trabajadores de los comedores colectivos.

La reforma de la Negociación Colectiva aprobada por decreto en 2010 por el Gobierno del PSOE (ZP), a petición de CCOO, UGT y las patronales, permitió que los convenios estatales pudieran limitar o incluso prohibir el desarrollo de convenios provinciales. Aprovechando esa reforma, CCOO, UGT y las patronales negociaron el convenio estatal de hostelería, imposibilitando la negociación en ámbitos subestatales.

Como consecuencia, los convenios de hostelería y comedores colectivos de todos los territorios de la CAPV quedaban inhabilitados. CCOO y UGT, con mayoría en el Estado pero solo un 17% de representación en la CAPV, impedían negociar a ELA y LAB, que sumamos el 83% de la representación en la CAPV. Esto, ademas de usurpación de la representación legítima y fraude democrático, supondría para las personas trabajadoras perder el 40% del salario (8.000 euros anuales menos) y trabajar 60 horas más al año (3% de incremento de jornada).

A través de la organización y la movilización conseguimos acordar el Acuerdo Marco de Hostelería de la CAPV. Y, desde que recuperamos la prioridad de los convenios territoriales y provinciales, volvemos a tener una oportunidad para exigir a todas las empresas —de EH o estatales— el cumplimiento de las condiciones laborales que decidamos en EH. La mesa de negociación está abierta y nuestra reivindicación es una jornada anual de 1.592 horas (208 horas menos que en el Estado, -13%) y llegar a 29.000 euros de salario anual en 7 años (18.253 euros más que en el Estado, +63%).

1.2. Comercio textil: freno a la españolización y a la precarización y defensa de los convenios territoriales

Algo similar sucede en el comercio textil, donde transnacionales como Inditex, Primark, Mango o Cortefiel pretenden esquivar los convenios territoriales de la CAPV mediante la creación de la patronal ARTE y de un convenio estatal propio. Mientras una dependienta de Gipuzkoa tiene un salario base de 25.000 euros, en el nuevo convenio estatal se plantean 19.000 euros (-24%).

Con mayoría absoluta de representación en la CAPV, ELA ha realizado 21 días de huelga y está forzando a las patronales estatales a excluir Hego Euskal Herria del ámbito de aplicación del convenio estatal.

1.3. Despidos masivos: Euskal Herria como espacio de excepción

También frente a los despidos masivos hemos logrado convertir a Euskal Herria en una excepción. El caso de H&M es ilustrativo. Pese a ganar 9.612 millones de euros en los últimos 10 años, en 2021 la empresa planteó un ERE para despedir a 920 personas en el Estado, 56 de ellas en HEH, afectando especialmente a mujeres con reducción de jornada por cuidados. Aunque ELA tenía el 67% de representación en HEH, CCOO y UGT tenían mayoría en el Estado, por lo que trasladaron la negociación a Madrid, usurpando y desactivando nuestra representatividad real en HEH y haciendo fraude democrático.

ELA convocó una huelga indefinida para defender unos mínimos democráticos y traer la negociación a EH. Para acordar e fin de huelga la empresa debía negociar con el comité de huelga en el que ELA tenía mayoría. Finalmente, H&M tuvo que comprometerse a no realizar ningún despido en Euskal Herria.

En este sentido, tampoco es casual que Hego Euskal Herria sea el único territorio del Estado español donde en el comercio se mantiene el derecho a descansar los días festivos.

1.4. Otros ámbitos donde estamos creando realidades propias

Además de lo dicho, en numerosos sectores y ámbitos estamos creando realidades propias. Por ejemplo:

Residencias (Bizkaia y Gipuzkoa): las trabajadoras (en su mayoría mujeres) cobran casi 9.000 euros más que en el Estado (+36%) y trabajan 180 horas menos (-11%).

Ayuda a domicilio (Araba, Bizkaia y muchos municipios de Gipuzkoa): salarios 10.300 euros superiores (+39%) y 143 horas menos de jornada (-9%).

Limpieza de hoteles: En HEH no existe sindicato de “Kellys” porque muchas de estas trabajadoras subcontratadas están sindicalizadas, cuentan con cláusula de subrogación y se les aplica el convenio de hostelería fruto de la organización y la lucha sindical.

Euskal Herria es el territorio con más huelgas de Europa: 366 días de trabajo perdidos por cada 1.000 personas asalariadas (Chipre 151, Italia 125, Dinamarca 113, Francia 107…). Aquí se concentra más de la mitad de las huelgas del estado español, pese a representar solo el 6% de la población. Esto contribuye a construir una realidad diferenciada. No se si en estos tiempos que corren existe algún lugar amigable para la clase trabajadora y las clases populares, pero, en un contexto difícil, tenemos la sensación de estar construyendo un país mejor para poder vivir y trabajar.

5. Trabajo sindical en territorios donde el abertzalismo es minoritario:

5.1. El caso de la Ribera navarra:

Otras iniciativas han permitido ampliar la implantación sindical en territorios donde el abertzalismo o el soberanismo son muy minoritarios. En la Ribera de Navarra, los partidos abertzales apenas alcanzan el 2% de los votos y tienen un único concejal, pero ELA tiene un 24,51% de representación (338 delegados/as) y 2.408 afiliados/as.

Hemos logrado atraer a personas que no son abertzales, que no se significan políticamente o que no votan opciones partidistas abertzales, pero están en una organización abertzale e independentista porque hemos contribuido a mejorar sus condiciones materiales de vida: cobran un 30% o 40% más que quienes trabajan a pocos kilómetros pero en otra comunidad, trabajan entre 50 y 100 horas menos al año y reciben un mayor respeto por parte de los empresarios.

ELA les resulta una organización cercana y fiable que les ayuda a mejorar sus vidas. Las únicas palabras en euskera que entran en muchas de esas casas provienen de nuestras revistas Alda o Landeia. Con ellas hablamos de soberanía, de independencia y de que los convenios y condiciones de trabajo deben decidirse en Navarra y en Euskal Herria. Así se configura una plataforma extraordinaria para trabajar con ellas que ganar en soberanía y la independencia nos pueden ayudan a mejorar nuestras condiciones de trabajo y de vida y liberarnos de los diversos sometimientos.

5.2. Alda: sindicalismo de barrio en Ipar Euskal Herria

En Ipar Euskal Herria, el voto abertzale es minoritario y especialmente débil en los barrios populares de los principales núcleos urbanos. Las organizaciones abertzales tienden a atraer a personas que ya comparten esa identidad, cosa que nos es baladía en los tiempos que corren. Y es verdad a su vez que en los últimos años el apoyo a EH Bai ha crecido, un avance que tiene un gran valor y que valoramos positivamente.

ELA decidió en su momento no desarrollar su actividad en Ipar Euskal Herria como sindicato sino ampliar el trabajo de la Fundación Manu Robles-Arangiz y avanzar en la formación ideológica y política de personas militantes y asociaciones del ámbito abertzale y de izquierdas, con el fin de fortalecer el tejido asociativo y militante.

Precisamente, ante este diagnóstico, la Fundación y Bizi! —junto con otros agentes sociopolíticos de Ipar Euskal Herria— impulsamos una reflexión sobre la necesidad de un proyecto abertzale que respondiera a las necesidades reales y acercara el abertzalismo a las clases populares, tradicionalmente alejadas de ese mundo. De aquella reflexión colectiva surgió Alda, un sindicato de barrio orientado a organizar a las clases populares de Ipar Euskal Herria.

Desde su nacimiento en 2020, las personas militantes de la Fundación se han volcado en su organización y desarrollo, con el objetivo de que el proyecto avance lo máximo posible y de que el abertzalismo responda verdaderamente a las necesidades e intereses de quienes viven en los barrios populares y periféricos. Sus equipos recorren los barrios puerta a puerta para detectar problemas, necesidades y aspiraciones; distribuyen trimestralmente 41.000 ejemplares de la revista Alda que aborda muchas de las preocupaciones de las clases populares; y han impulsado reivindicaciones y luchas concretas con resultados significativos:

  • Medida de compensación.
  • Comité para combatir los alquileres fraudulentos.
  • Herramienta para intercambio de viviendas sociales.
  • Límite al precio del alquiler.

En solo cinco años, Alda se ha convertido en el principal sindicato del parque público de vivienda social en Ipar Euskal Herria, con 1.150 afiliados/as (cuotas de 5 o 10 euros al mes) y es una referencia principal en el ámbito social de Ipar Euskal Herria.

Yo creo que se trata de un enorme éxito en la ampliación del ámbito de influencia del abertzalismo y en la capacidad de atraer a personas que no se encuentran en la órbita del soberanismo, precisamente por haber conectado con sus necesidades más básicas y ser instrumento para mejorar sus condiciones materiales de vida. Ahora, como nos sucede en la Ribera navarra o en otros lugar de Euskal Herria donde el abertzalismo, soberanismo o independetismo es minoritario, debemos afinar en la labor de ofrecer un encuadre ideológico a ese acercamiento y ofrecer instrumentos de formación política de clase y abertzale.

A modo de conclusión

Creemos que todas estas iniciativas —y muchas otras— están construyendo, en la práctica, instrumentos de soberanía y realidades que nos diferencian; realidades que permiten vivir mejor en Euskal Herria, que llenan de contenido el proyecto político y lo hacen deseable. En definitiva, demuestran que decidir aquí no sólo es más democrático, sino también más eficaz para mejorar la vida de la mayoría social. Sólo desde proyectos que atraigan y contribuyan a la emancipación y soberanía de las mayorías sociales, especialmente personas y colectivos que más están sufiendo las diversas opresiones de este sistema politico, económico y social, lograremos una correlación de fuerzas suficiente para ganar la soberanía y la independencia en sus diferentes dimensiones.