Digitalización: ¿qué falta? ¿qué sobra?

2021/08/02
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El desarrollo de la tecnología siempre se ha relacionado con el progreso, la comodidad y la mejora, pero no todo son ventajas, también hay riesgos, y no son pocos. Ahí está la brecha digital, ahí el riesgo de aislamiento y la proliferación del individualismo, ahí el descontrol de ser controlados, ahí la precarización de las condiciones laborales.

Mirari Irure Espín, responsable de la federación Zerbitzuak de ELA

Clic. He entrado en Internet. En un segundo puedo iniciar un viaje sin límites. Cada vez somos más quienes, después de pasar el día de un lado para otro, terminamos el día frente a una pantalla. Con el alivio de echarnos en el sofá tratamos de hacer aquello que nos ha impedido realizar el frenético ritmo del día por el que se nos escurre el tiempo: consultar información, cerrar el plan para el fin de semana y, en alguna ocasión, comprar algo online.

El desarrollo de la tecnología siempre se ha relacionado con el progreso, la comodidad y la mejora, pero no todo son ventajas, también hay riesgos, y no son pocos. Ahí está la brecha digital, ahí el riesgo de aislamiento y la proliferación del individualismo, ahí el descontrol de ser controlados, ahí la precarización de las condiciones laborales.

Hablando de precariedad, me viene a la memoria el impacto que está teniendo la digitalización en las condiciones laborales del comercio. En los últimos tiempos, en ELA, nos ha tocado vivir muy de cerca los procesos de transformación digital que han puesto en marcha varias multinacionales. El modelo de consumo basado en la lógica capitalista está muy arraigado en nuestra sociedad desde hace mucho tiempo. La moda manda y lo de ayer, hoy, ya es viejo. Qué decir desde que la pandemia ha irrumpido en nuestras vidas: esta lógica se ha acentuado y, en términos de modelo de consumo, el aumento de las ventas online ha sido espeluznante.

Según el informe de la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia de 2020, el comercio electrónico de mercancías creció un 53% respecto a 2019 y, en el mismo periodo, el comercio minorista ha descendido un 7,9%. El 51% de las mercancías adquiridas online son de empresas extranjeras; en los sectores informático y textil esta cifra llega al 90%. En la última década el peso del comercio electrónico se ha multiplicado por diez y, según todas las previsiones, seguirá creciendo en los próximos años. Inditex, por ejemplo, quiere que para 2025 el 25% de sus ventas sea online.

Ecommerce, omnicanalidad, tiendas escaparate, cajas de autoservicio y otros términos son utilizados en boca de los directores generales del sector como estrategia comercial indiscutible. Y esa estrategia no tiene vuelta atrás, eso es innegable. Sin embargo, hay mucho que debatir, mucho que reflexionar. Con la digitalización se quieren destruir puestos de trabajo y, dicho esto, ha llegado el momento de compartir el primer spoiler de las interrogantes del título: en el comercio no sobra nadie, dice ELA.

Grupos como Inditex, Douglas, H&M o Tendam Retail (Cortefiel) ya han llevado a cabo la primera etapa de la transformación digital (decimos la primera porque esta transformación no ha hecho más que empezar). Han cerrado tiendas y han destruido empleo o lo han precarizado aún más.

Otro apunte: este modelo de digitalización tiene impacto de género. El sector comercial está muy feminizado y la mayoría de los empleos son, desde hace mucho, a tiempo parcial, y quieren aprovechar este proceso para convertir en parciales los pocos puestos de trabajo a jornada completa; todo ello mientras están acumulando unos beneficios enormes (3.500 millones en Inditex y 1.200 millones en H&M en 2019). Segundo espoiler: lo que sobran son beneficios. Sobran, porque ya es hora de que las ganancias lleguen a las trabajadoras que las generan. Se van a crear nuevos puestos de trabajo, pero probablemente no sean tantos como los que se van a destruir, por eso la clave está en determinar qué condiciones laborales van a tener los empleos que se creen y los que se mantengan.

ELA tiene claro que para que esta transición tenga en cuenta a las trabajadoras, el único camino es la organización, la lucha y la negociación colectiva. En H&M hicimos una huelga de 55 días y conseguimos condicionar un ERE a nivel estatal. El 25 de junio ELA y LAB convocamos una jornada de huelga en la CAPV, la primera a nivel estatal, para reivindicar otro modelo de digitalización. También hemos definido los siguientes pasos.

ELA tiene una amplia mayoría en varios convenios de comercio y queremos adelantarnos a la situación a través de la negociación colectiva: por un lado, tendremos que regular las nuevas categorías y garantizar que a estos puestos de trabajo se les aplican los convenios provinciales; por otro, para atajar el incremento de la parcialidad, queremos establecer, entre otras cosas, jornadas mínimas; por último, queremos reducir considerablemente la jornada anual en las empresas en las que la facturación online vaya cogiendo peso. La mencionada reducción de jornada es fundamental para que la transformación digital no se haga a costa del empleo. Si a través de la venta online las empresas multiplican sus beneficios, eso se debe traducir en más tiempo para la vida personal de las empleadas, más aún en estos tiempos vividos con prisas.

No obstante, los efectos de la digitalización no se agotan en el mundo laboral. Desde el punto de vista ecológico, por ejemplo, al transporte de las mercancías que compramos en el extranjero crea una huella ecológica insostenible. En cuanto al idioma, es necesario adoptar medidas para garantizar los derechos lingüísticos de las personas. El modelo de pueblos y barrios y las relaciones de la ciudadanía se verán afectadas por el cierre de comercios (los de las grandes marcas se cerrarán para ganar más y los pequeños comerciantes porque no pueden competir en esas condiciones).

Ya hemos comentado lo que sobra, pero ¿qué es lo que falta? Para empezar, falta intervención pública. Durante todo este proceso los Gobiernos vasco y navarro no pueden mirar hacia el otro lado; diseñar una estrategia para poner en contacto directo a las y los productores y consumidores vascos es una cuestión de responsabilidad política. También falta un espacio para reflexionar, como sociedad, sobre todo esto, y varios agentes están/estamos tratando de llenar ese vacío.

Este artículo de opinión y el día de hoy acabarán de la mano. Hoy no será una excepción, terminaré echada en el sofá mirando a la pantalla; pero no haré compras online, me tomaré un espacio para leer el primer manifiesto de Euskal Herria Digitala, que impulsan IPES, OLATUKOOP, TEKS, y las fundaciones IPAR-HEGOA, IRATZAR y MANU ROBLES-ARANGIZ. El 15 de octubre, al parecer, se organizará una jornada para promover el debate público sobre la cibersoberanía. Allí estaré . "Firmar el manifiesto". Clic.

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